ORIENTACIÓN DEL CULTO DE AGRADECIMIENTO DE MAYO

Revmo. Tetsuo Watanabe
Presidente Mundial Iglesia Mesiánica

Suelo Sagrado de Guarapiranga, 01 de mayo del 2011

¡Buenos días! ¿Están todos bien?

Como hoy se celebra el día del trabajo quiero felicitar a todos los trabajadores del Brasil. Y la próxima semana se conmemora el día de la Madre. Por eso, ¡deseo también saludar anticipadamente a todas las madres del Brasil!

Un día antes de viajar conversé con Kyoshu-sama, quien me pidió que hiciera llegar a todos los mesiánicos brasileros su gratitud por las muchas oraciones que hicieron en memoria de las víctimas de la catástrofe ocurrida en la región Noreste de Japón.

Él afirmó además, que aprendió muchas cosas a través de estos acontecimientos, por eso continuará reflexionando para poder profundizar aún más su comprensión sobre estos hechos.

Es la primera ocasión en este año que me estoy encontrando con ustedes, ¿no es así? En marzo no pude venir porque fui a Tailandia para preparar el viaje de Kyoshu-sama que será realizado el próximo mes de noviembre.

Estuve allá diez días. Inmediatamente después que retorné a Japón, el día 11 de marzo, a las 2 de la tarde y 46 minutos, cuando me encontraba a la mitad de una reunión del directorio sucedió el gran terremoto que removió todo. Normalmente, un terremoto dura algunos segundos. Pero esta vez fue muy largo... En Atami tuvo más de 2 minutos de duración.

En seguida llamé a Kyoshu-sama para saber cómo estaba. Él dijo que todo estaba bien, que todo se movió mucho, pero que nada grave ocurrió en su casa.

Cuando encendimos la televisión, estaban mostrando imágenes del lugar donde había sucedido el terremoto, diciendo que había tenido una magnitud de 9 grados y dando la alerta: “Dentro de 20 minutos el tsunami llegará a Iwate...En 25 minutos llegará a Miyagui...En 30 minutos a Fukushima...”, y así iban avisando a toda la población para que huyera hacia los lugares de refugio.

En ese momento estábamos en la incertidumbre por saber cual sería el tamaño de la ola que se estaba acercando. Cuando dijeron que era de más de 10 metros pensé: “¿será cierto?”.

Todos miraban su reloj esperando la ahora en que el tsunami llegaría. Y cuando lo hizo, fue realmente de más de 10 metros. ¡Fue terrible! El tsunami de 15 metros de altura arrastraba carros, casas, barcos y todo lo que encontraba a su paso. Se podían ver todavía a algunas personas huyendo, corriendo, pero el tsunami finalmente los alcanzaba. Parecía que estaba viendo una película de catástrofe... pero aquello era real: estaba viendo lo que sucedía en vivo por la televisión.

En ese instante, sentí un nudo en el corazón y pensé: “Cuantas personas están sufriendo, ahogándose y muriendo...”, por lo que no pude contener las lágrimas.

Como en la televisión decían: “todas las ciudades del litoral fueron afectadas...” entonces pensé: “Todas esas personas necesitarán de nuestro apoyo” por lo que rápidamente pedí que se formara el Comité de Ayuda Humanitaria para las víctimas, integrado por ministros y funcionarios de todo Japón. Así mismo solicité abrir una cuenta bancaria para recaudar donaciones con el fin de poder ayudar a aquellas personas que estaban sufriendo.

Inmediatamente los mesiánicos comenzaron a traer muchas donaciones, como ropa, frazadas, agua, alimentos y reunieron todo en la entrada del Suelo Sagrado. Al día siguiente, conseguimos enviar hacia Sendai dos camiones llenos de donaciones. Como las carreteras principales estaban cerradas, los camiones tuvieron que dar una gran vuelta alrededor de las montañas, en medio de mucha nieve, demorando en llegar hasta el Johrei Center de Sendai casi 30 horas.

Incluso después los miembros continuaron entregando sus donaciones, y hasta el momento ya enviamos más de diez camiones llenos con productos de primera necesidad. De forma continua también, he sido informado acerca de las acciones humanitarias que están siendo realizadas en las zonas afectadas.

Inmediatamente después del culto de abril, decidí visitar Sendai y Fukushima para hacer oración por las víctimas en cada lugar, visitar los Johrei Centers y dar aliento a los mesiánicos.

Cuando llegué allá, algunos miembros me dijeron: “Reverendo, ahora llegó el momento de poner en práctica todo lo que vinimos aprendiendo: la práctica del sonen, de encaminamiento, gratitud en cualquier circunstancia y las acciones altruistas...”.

En todos los lugares que visité, fui recibido por personas con un semblante muy firme. Se podía percibir que los mesiánicos de aquella región estaban muy felices pues se estaban sintiendo útiles a su semejante, dando el máximo apoyo a los desamparados.

Aproveché y recorrí también varias ciudades devastadas por el tsunami, y vi con mis propios ojos montañas de escombros de más de 10 metros de altura, con autos y barcos unos sobre otros. En todo momento pensaba: “Aquí debe haber todavía mucha gente sepultada” y allí mismo hacía oración por todas las víctimas, encaminándolas hacia el Mesías Meishu-sama.

Entre los varios casos que oí, hay uno muy interesante que me gustaría contarles. Inmediatamente después que ocurrió el tsunami, un joven mesiánico de la provincia de Okayama que trabaja como salvavidas, fue convocado para integrar un grupo de búsqueda y rescate de sobrevivientes en las ciudades afectadas por el desastre. Mientras un grupo hallaba sobrevivientes en medio de los escombros, él llevaba a esas personas cargadas en sus espaldas hasta el puesto de atención.

Entonces encontraron a una señora que todavía estaba viva, pero que tenía muchas quemaduras en la espalda. Ella gritaba y lloraba por el dolor... El joven entró en pánico: “¿Cómo voy a cargarla si está llorando y gritando de dolor?” Pero ahí reaccionó: “Yo soy mesiánico. Estoy unido al Mesías Meishu-sama. Sé hacer la práctica del sonen de encaminamiento.” Y pensó: “¡Quiero encaminar todo el sufrimiento de esta señora para que el Mesías Meishu-sama lo purifique y salve!”. Cuando terminó de encaminar la señora dejó de llorar y ya no gritó más de dolor. Así, él pudo llevarla hasta el puesto de atención.

Luego reflexionó: “¡Funcionó! Fue la primera vez que la hice en nombre de alguien” y agradeció a Meishu-sama.

Después apareció otro sobreviviente. Pero cuando ya estaba cerca, aquel hombre comenzó a agonizar, jadeaba como si le faltase el aire. De pronto, dejó de respirar.

“Ah no... no puedes morir ahora... resiste un poquito más...” pensó y comenzó de nuevo a hacer la práctica del sonen de encaminamiento. De repente, aquel hombre dio un suspiro, volvió a respirar normalmente y a moverse como si nada hubiese pasado. Parecía que había resucitado.

Luego de eso él sintió: “Yo no soy un salvavidas común... ¡soy un salvavidas de Meishu-sama! Porque puedo salvar la vida y hasta el alma de las personas, ¡pues el Mesías Meishu-sama está conmigo!”

¿Qué fue lo que aprendimos con esta gran purificación?

Como escuchamos en la enseñanza de hoy, Meishu-sama nos dice que las calamidades naturales en realidad son calamidades humanas. El origen de ellas está en la acumulación de palabras negativas, malos pensamientos y malas acciones de todas las personas que viven en este mundo.

Sobre esto, hace poco viví una experiencia que me gustaría relatarles. Actualmente en la mitad de Japón están habiendo apagones todos los días por causa del racionamiento de energía eléctrica.

Entonces una noche de apagón, me encontraba solito en casa, en mi habitación, iluminado solo por la luz de una vela. Había un silencio total... la televisión estaba apagada, igual que el equipo de sonido. Tampoco se escuchaba el ruido de la refrigeradora, ni sonaba el teléfono.

En medio de esa penumbra, solo con la luz de aquella vela, comencé a mirar hacia la nada y a observar muchas cosas que no veía en la claridad. Empecé a pensar en cosas sobre las que hasta ahora no me había detenido a reflexionar. “¿Qué hice hasta hoy? ¿Qué estoy haciendo ahora? ¿Qué necesito hacer de ahora en adelante?”.

Conseguí agradecer también por cosas que no había percibido antes. Me di cuenta que la penumbra de mi cuarto me estaba mostrando la falta de claridad que existía dentro de mi corazón.

De repente la energía regresó y las luces del cuarto se encendieron nuevamente. Pero aquel cambio fue un golpe para mis ojos... “¡Ahora ya hay demasiada claridad!”, pensé: “¿será necesaria tanta luz en la habitación? Realmente, esto es un desperdicio de energía...” y comencé a apagar las demás luces que estaban encendidas en la casa, las cuales no estaba usando.

En verdad, lo que vemos en la actualidad es al hombre moderno persiguiendo la realización de sus deseos materiales buscando de forma egoísta todo lo que es más cómodo, más claro, más rápido, más práctico, más ventajoso. Solo quiere aquello que es bueno para él, sin pensar en los demás, en el planeta ni en el futuro, y todo eso finalmente se convierte en nublamientos espirituales, en máculas.

Esas máculas terminan transformándose en diversas calamidades naturales, como la que sucedió en la sierra de Río de Janeiro a inicios de este año. Después ocurrió el tsunami en Japón y ahora están surgiendo tornados en los Estados Unidos. Pero para disminuir tragedias como estas, no basta solamente evitar acumular máculas. Tenemos que disminuir las máculas que la humanidad ya vino creando sin darse cuenta.

¿Y como lograr esto? En la Enseñanza leída hoy, Meishu-sama nos dice que existe una forma muy fácil de eliminar las máculas: basta que los pensamientos, palabras y acciones del hombre se vuelvan buenas. Así, el Bien se transformará en luz y eliminará las máculas.

Por eso, la misión de los mesiánicos es sumamente importante, pues debemos continuar realizando la práctica del sonen de encaminamiento, de gratitud y las acciones altruistas junto con el Johrei.

Un punto que me gustaría enfatizar es que no podemos pensar que todas las víctimas de estas catástrofes fueron castigadas por Dios. En realidad, ellas están siendo los redentores que están limpiando las máculas y nublamientos creados por todos nosotros. Por eso debemos sentir gratitud por ellas.

Actuando de esta manera podremos comprender, perfeccionar, evolucionar, crecer y finalmente vivir de acuerdo con la voluntad de Dios y Meishu-sama. Tengo la convicción de que así, ¡podremos salvaguardar tanto a la raza humana como a nuestro propio planeta!

¡Pienso que de ahora en adelante todos los mesiánicos debemos esforzarnos en practicar esto! ¿Quedó claro?

¡Muchas gracias y buena misión para todos!