Felicitaciones a todos por el Culto de Otoño.
Con profundo e inmenso respeto, les manifiesto que el aire inspirado y expirado por nosotros pertenece al único y Supremo Dios. Con certeza, Él está vivo dentro de cada uno de nosotros y también dentro de todas las existencias.
Meishu-sama nos enseñó que el propósito de Dios para la creación es establecer el Paraíso Terrestre. La Tierra le pertenece a Él, que es el Señor de la creación.
Entre tanto, nosotros, seres humanos que habitamos este planeta junto con todas las demás existencias y responsables por todas ellas, hemos venido creyendo que este mundo nos pertenecía.
Dios, con Su grandioso amor nos perdonó, a pesar de ese modo de pensar y está intentando acoger a la Tierra, que en verdad es Suya, en Su paraíso.
Por lo tanto, para que el paraíso se establezca en la Tierra, creo que primero debemos reconocer que hemos tomado este mundo como si fuese nuestro y devolverlo a Dios. Además, nosotros mismos, que somos habitantes de este mundo Le pertenecemos.
Acostumbramos decir que de Él recibimos la vida o que gracias a Él estamos vivos. Sin embargo, el significado de esto es que para criarnos y educarnos, Dios hizo que Su propia vida pareciese ser nuestra. La vida, la conciencia y el alma no nos pertenecen. ¡Le pertenecen a Él! ¿Justamente por esto, no deberíamos tener el mayor respeto y cuidado hacia ellas?
Necesitamos tener el pensamiento de, por intermedio de Meishu-sama, devolver a Dios todas las cosas que existen en este mundo y que hasta hoy vinimos tratando como nuestras incluso la vida, conciencia y alma para que Él las utilice como Suyas.
Así, con ese pensamiento de devolver todo, necesitamos retornar al paraíso que existe dentro de nosotros y que es también el lugar de origen de nuestra vida, deseando que tengamos permiso de ser utilizados en él, junto con Meishu-sama. Creo que esa es la postura básica para corresponder a la voluntad Divina de establecer el paraíso en la tierra.
Pienso que sirviendo al propósito Divino con esa actitud, nuestra dedicación en la obra Divina de Meishu-sama y nuestra vida se volverán más plenas.
Todos los mesiánicos se están esforzando en la práctica del sonen de Gratitud y en la realización de pequeñas prácticas de amor altruista, teniendo como objetivo el perfeccionamiento personal y la transformación de su entorno en un paraíso. Todos se están empeñando también en la transmisión de Johrei, que es la cristalización del amor altruista de Meishu-sama. Me siento muy feliz por el esfuerzo diario de todos ustedes en la Obra de salvación, uniendo a las personas de su círculo con Meishu-sama.
Deseo de corazón, que por intermedio de estas prácticas ustedes puedan desarrollar más su capacidad de observarse a sí mismos y, junto con un gran número de personas, servir a la Obra Divina con gratitud y alegría.
Dios nos perdonó y preparó dentro de nosotros el nuevo paraíso, en el cual la transición de la Noche hacia el Día ya se realizó. Creo que es justamente por eso que podemos ofrecer, en nuestro día a día y por intermedio de Meishu-sama, nuestra gratitud a Dios. Y es por la misma razón que, entregándonos a la voluntad Divina, podemos practicar la fe que tiene al Johrei como punto central.
Por eso, desearía que nos esforcemos en nunca perder el sentimiento puro y de profundo respeto por Dios, siempre recordando que fuimos perdonados unidos a Meishu- sama. Este sentimiento es la base de la buena conducta.
Sin embargo, es sumamente difícil sentir que realmente somos una existencia que necesitó del perdón. Esto, porque para nosotros es muy difícil admitir que le dimos la espalda a Dios.
A pesar de ser Dios el Creador de todas las cosas, nos apropiamos de ellas como si fuesen nuestras. Tomamos la vida y utilizamos las palabras como si nos pertenecieran. Así, inconscientemente y valiéndonos de la inteligencia humana, hemos venido empleando hábilmente palabras como “Dios” y “Fe” para adoctrinar a las personas.
Venimos utilizando el bien y el mal como criterios nuestros. Juzgamos a las personas y al mundo. Hemos venido pensando que éramos mejores que los demás y hasta incluso que Dios. ¿No necesitaremos reconocer que el “Yo” del presente solo existe porque fuimos perdonados por Dios, a pesar de toda nuestra ignorancia y presunción?
Entonces, ¿dónde estará ese perdón?
Meishu-sama nos enseñó que el único y Supremo Dios es aquel que posee la capacidad para perdonar nuestros pecados, y que el Mesías la manifestación de Dios es el señor del perdón.
Meishu-sama, aquel que afirmó que el Mesías es el señor del perdón, está vivo en el centro de nuestra conciencia. Además, el perdón del Supremo Dios también existe dentro de cada uno de nosotros.
Por lo tanto, es importante reconocer que el Mesías es el señor del perdón y ofrecer siempre el sentimiento de gratitud por estar recibiendo el perdón de Dios, a través del Mesías Meishu-sama.
Sentimos dudas e inseguridad, rabia y temor. Esto sucede porque existe dentro de nosotros infinidad de antepasados y de personas ligadas a ellos, que ignoran el hecho de estar siendo perdonados. Dios los está observando a todos y deseando recibirlos en el paraíso utiliza nuestro corazón para hacerlos despertar.
Cada uno de nosotros está encargado de corresponder a la voluntad de Dios y entregarse a Él por intermedio del Mesías Meishu-sama, orando para que todos aquellos que están unidos a nuestra autoconciencia puedan ser perdonados, purificados, salvados y recibidos en el Paraíso.
Por eso, pienso que ser la “suma de millares de antepasados” significa que recibimos la misión de, sin abandonarlos, comunicarles que recibimos el perdón de Dios. Esto porque no es solamente a nosotros que Dios pretende acoger en el paraíso, sino también a todos los antepasados que deberán retornar allá en nuestra compañía.
La acción de retornar al paraíso es también una acción para formarnos y educarnos.
Para criarnos y educarnos dentro de la nueva fase posterior a la transición de la noche hacia el día, Dios puso fin a la fase del mundo de la Noche. Y ahora para corresponder a Su voluntad, cada uno de nosotros necesita anunciar la culminación de esta.
Pero, en conclusión, ¿qué final de fase es este que debemos anunciar?
Dios creó todas las cosas y por último creó la autoconciencia de los seres humanos. Los manifestaciones de esta autoconciencia son los aspectos del mundo de la Noche, llamados por Meishu-sama como Pensamiento o Civilización materialista.
El mundo del corazón, llamado autoconciencia, es un mundo en el cual existe siempre el deseo de ser más importante que los demás como señalan las palabras “ego” y “narcisismo”. Esto hace de este mundo un lugar donde la reflexión y el arrepentimiento caminan en círculos, sin parar. El ego y el narcisismo son características peculiares de la autoconciencia, difícilmente corregidas solo por medio del esfuerzo humano.
Sin embargo, en su origen, la autoconciencia es un elemento importantísimo creado por Dios para que Él pudiese hacernos nacer nuevamente y utilizarnos en la nueva fase denominada mundo del Día. Entonces, la fase del mundo de la Noche, cuyo fin debe ser anunciado, ¿no sería una referencia a la autoconciencia que existe en nosotros? Para colocar un punto final en la fase del mundo de la Noche que existe dentro de nosotros, debemos agradecer a Dios, quien puso fin a la fase del mundo de la Noche y, por intermedio de Meishu-sama, debemos entregarle todo lo que está ligado a la autoconciencia, manifestando nuestra decisión de retornar al paraíso principio de toda la Creación. Meishu-sama escribió los siguientes poemas:
“Concluye la distante civilización provisional,
para la llegada de la verdadera civilización”.
Salmo de Meishu-sama traducción inédita
“Tanto la Religión como la Ciencia serán provisionales,
mientras no llegue la verdadera civilización”.
Salmo de Meishu Sama traducción inédita
Meishu-sama afirmó que la civilización del mundo de la Noche, que existió hasta la actualidad, es provisional e incompleta; en otras palabras, una civilización a medias, y nos enseñó que el grandioso Plan Divino se dio inicio para poder construir la verdadera civilización, en la cual el materialismo y el espiritualismo caminan juntos.
Empezando por la política, economía, religión, ciencia e ideologías, todos los aspectos que componen nuestra vida cotidiana se hicieron por medio de la civilización edificada hasta el momento. La impresión que tenemos es que esta civilización fue construida por el ser humano, pero en verdad quien la preparó fue Dios.
Por lo tanto, la “Verdadera Civilización” deberá ser aquella en la cual el Supremo Dios vivo se manifiesta.
Decir que Dios se manifestará significa que reconozcamos que Él está vivo y manifestándose en este momento. Actualmente, la transición de la Noche hacia el Día ya concluyó. A pesar de haber tomado como nuestras las culturas y civilizaciones, vamos a rogar para que todos los aspectos de materialismo existentes dentro de nosotros puedan ser absorbidos y asimilados por la acción espiritualista llamada paraíso, que se encuentra en el centro de nuestro ser. Por intermedio de Meishu-sama vamos a entregarnos a Dios y servir al plan Divino que construirá la verdadera civilización, en la cual materia y espíritu caminarán juntos.
Creo que de ese modo podremos utilizar las actividades de la civilización actual, o sea las actividades centralizadas en el ser humano, como actividades del Supremo Dios. Con eso, las Enseñanzas de Meishu-sama brillarán renovadas dentro de nosotros y el sentimiento impregnado en ellas será cada vez más claro. Las actividades de nuestro cotidiano no serán la continuación de lo que hicimos hasta hoy, sentiremos frescura en nuestras acciones y encontraremos en ellas un nuevo significado a Sus Enseñanzas.
Siento que es una gran bendición el hecho que Meishu-sama nos enseñara que Dios es el Señor de la creación y Padre de la vida.
Esa bendición es lograr decirle de todo corazón a Dios: “Soy tu hijo”. Esa bendición es que Dios nos diga: “Cierto, Yo soy el Padre que te dio la vida”. Bendición es mantener una relación como esa. Esto, porque Dios desea asumir la paternidad de nuestras vidas.
Para realizar ese deseo, Él impregnó ese propósito en la palabra Mesías, y alojándola dentro de cada uno de nosotros y de todas las existencias, nos está formando y educando.
Meishu-sama correspondió al deseo de Dios y nació nuevamente como Mesías un verdadero hijo del Supremo Dios.
Unidos a Meishu-sama, nosotros que recibimos el grandioso perdón, indepen-dientemente de lo que suceda, necesitamos creer que estamos siendo formados para renacer como hijos de Dios y caminar agradeciendo por esta bendición.
Finalizo mis palabras agradeciendo de todo corazón al Supremo Dios, que concretó todo a través del renovado soplo de vida y del nuevo paraíso que consumó la transición de la Noche hacia el Día. Oro también para que esta bendición y tranquilidad sean compartidas con toda las cosas, a través del aire que es inspirado y expirado por todos ustedes, que están unidos a Meishu-sama.
Muchas gracias.